Actividades:
1- Reunidos en grupo de dos integrantes c/u, leer el art. correspondiente teniendo en cuenta el fascículo asignado.
2- Leer el título de la nota y escribir que te sugiere, que tema trata la nota.
3- Realizar la lectura en voz baja, subrayar las ideas principales. Anotar los términos que no entiendas y buscar el significado.
4- Elaborar una síntesis.
5- Relacionar con los temas estudiados y comparar con las actividades que realizas en tu proyecto.
6- Exponer ante los compañeros el tema trabajado.
FASCÍCULO N°1
UÑAS DE GUITARRERO
Sobreponiéndose a una situación personal muy difícil y comenzando desde el garaje de su casa, este cordobés de 43 años logró crear una fábrica de guitarritas de juguete que hoy es líder en el mercado nacional.
“¿Y ahora? ¿Qué hago?”, se preguntó casi desesperanzado Juan Ardini. La crisis de 2001-2002 lo había dejado sin trabajo como diseñador gráfico en una editorial, y las dos jugueterías que había abierto junto a su madre para capear el temporal habían terminado fundidas. La cosa pintaba fea, muy fea. Pero Juan no es un tipo que se deje vencer así nomás. Sobre la base de una idea interesante y con mucho esfuerzo, este cordobés que hoy pinta 43 años y algunas canas se arremangó y creó, casi de la nada, una empresa de guitarras de juguete que hoy, 10 años después de aquella pregunta incómoda, es líder en el mercado nacional. “Soy muy perseverante”, dice. “Esa es la clave de mi éxito como emprendedor”, y se apresta a contarnos su historia.
recoger el guante. Comenzaba 2004, y Juan se debatía entre la felicidad que le provocaba su reciente matrimonio y la fuerte preocupación de qué hacer con su nueva vida como desempleado. Poniendo a trabajar su cabeza como nunca antes, recordó de sus épocas de frustrado dueño de jugueterías que el único proveedor de guitaguita
rritas de madera que había en Córdoba era un verdadero desastre. “No tenía un buen producto, no cumplía con los pedidos y encima trataba mal a sus clientes”, recuerda Juan. Fue a partir de allí que puso las barbas en remojo y, sin haber tocado en su vida un serrucho, se puso a diseñar el primer prototipo de una guitarra de juguete. Su cuñado, hombre más familiarizado que él con las herramientas, lo ayudó en la patriada. Un pequeño alero con chapas en el patio y lleno de trastos viejos ofició de primera e improvisada planta industrial “Dándonos maña, adaptando algunas herramientas de la casa, y aprendiendo al tiempo que hacíamos, en 90 días conseguimos fabricar las primeras 30 guitarritas”, rememora hoy casi con nostalgia, al tiempo que recuerda haberle puesto mucha atención a la cuestión del diseño de esos nóveles juguetes. Cada mañana, y a bordo de un viejo Fiat Regatta cargado hasta las manijas de guitarras, Juan partía con destino a las localidades serranas del Gran Córdoba para ofrecerlas a los negocios de artículos regionales. De a poco, la cosa comenzaba a funcionar. La esperanza renacía.
Solo, y a los gritos. Pero al poco tiempo, Juan volvería a enfrentarse a un desafío. Su cuñado –y socio, desde un comienzo– decide dar un paso al costado para dedicarse de lleno al manejo de la despensa familiar. Y otra vez la bendita pregunta: “¿Y ahora, qué hago?”. “La disyuntiva era de fierro: dejar, o seguir yo solo para adelante. Y decidí seguir”, cuenta, orgulloso. Mudó los retazos de madera, las herramientas y todos sus bártulos al garaje de su casa de barrio San Martín Norte, y convocó a algunos vecinos de la cuadra para que lo ayudaran. Adaptó las herramientas a una mesa larga que hizo las veces de línea de producción, y largó de nuevo. Ese primer año, incursionando ya en el canal juguetero, Juan y su equipo de improvisados luthiers lograron fabricar 3.135 guitarritas de juguete, a las que bautizaron “Gauchitas”. A esa altura, la incipiente empresa ya tenía nombre y eslogan: Arval, “Jugar está bueno”. El crecimiento de las ventas fue tan meteórico que un año más tarde debió alquilar un galpón a la vuelta de su casa. “De allí en adelante, y con todos los vaivenes de la economía, logré ir creciendo lenta pero sostenidamente”, afirma el emprendedor. Al año siguiente fabricaron más de 6 mil guitarritas, y así la producción creció y creció hasta llegar a este 2013, con un volumen de ventas que rozará las 70 mil unidades.
el gran salto. Juan recuerda como un hito en la historia de su empresa la primera participación en la Feria del Juguete de Buenos Aires, en 2009, donde logró hacer contacto con los principales mayoristas jugueteros del país. Es que a partir de allí, los pedidos aumentaron exponencialmente, obligándolo a abrir un segundo espacio de producción. “Ni siquiera en los momentos de mayor demanda dejó de atender y cumplir con un pedido. La buena atención a nuestros clientes es una premisa básica de mi negocio”, explica.
Así, con una clientela más definida y segura, comenzó a sumar productos a su portafolios, a los que siempre les agregó un toque diferente a los que había en el mercado, como una torre didáctica de bloques de madera o un tejo infantil para jugar dentro de la casa. También rescató del olvido a los trompos y los baleros, ofreciéndolos en un buen packaging, al tiempo que se aventuró con sus primeras guitarras de plástico. “Hemos transformado los juguetes más tradicionales y los hemos puesto en una góndola a competir con juguetes más modernos. Y para sorpresa nuestra, la gente los recibió muy bien”, explica Juan, incluyendo en ese punto a una línea de dinosaurios de madera para armar que también logró una aceptación notable por parte del público. Hoy, más que asentado en su planta de Villa Páez en la que da trabajo a 15 personas, Juan sigue soñando. “Estoy viendo de comenzar a exportar. Con la ayuda de la Agencia ProCórdoba, estoy evaluando qué mercados externos puedo abrir para mis juguetes. Y lo voy a hacer”, dice confiado. Y cómo no creerle: el hombre, ya lo demostró, tiene uñas de guitarrero.
Con la Sole y larguirucho el año pasado, la empresa de Juan Ardini fue seleccionada por García Ferré para fabricar los juguetes que acompañaron la nueva película de la compañía de dibus animados: "soledad y larguirucho". “fue un honor que nos eligieran. hicimos una guitarra de plástico, un rompecabezas y una torre didáctica”, explica. y aunque comercialmente no fue un boom de ventas, la experiencia es rescatada por Juan como un gran momento en la historia de Arval. “aprendimos que asociándonos con otros se pueden hacer cosas nuevas, aprender y crecer”, destaca.
Fascículo n°2.
CON SU IDEAS SALVAN VIDA
Juan manuel Molas y Molas creó un novedoso sistema de seguridad peatonal para las obras en construcción. asociado con José Montalvo, está consolidando el modelo de negocio y ya patentó su invento en argentina, Chile y Brasil.
Juan Manuel Molas y Molas y José Agustín Montalvo tienen entre manos un producto absolutamente innovador: un sistema de seguridad para transeúntes en obras en construcción. El proyecto, que ya superó su etapa inicial de desarrollo, tiene nombre propio: Galerías de Protección Peatonal con Espacios Publicitarios (GaPPEP). Todo comenzó, lamentablemente, de la mano de una tragedia urbana. El 17 de agosto de 2010, una estudiante universitaria de 24 años, Estefanía Puechagut, fue aplastada por el derrumbe de una pared del décimo piso de una obra en construcción de Pueyrredón y Vélez Sársfield. Después de varios días de agonía, la joven falleció en el Hospital de Urgencias. El día del accidente, Juan Manuel, que trabaja prestando servicios para empresas constructoras en la ciudad de Córdoba, estaba a pocos metros del lugar. “Escuché el estruendo y salí a ver qué había pasado. Luego del estupor inicial por esta tragedia, volví a mi casa me puse a investigar la normativa municipal sobre las bandejas de protección que deben tener las obras, y allí surgió la idea de GaPPEP”, cuanta este joven emprendedor de apenas 33 años. Juan Manuel convocó a José, dedicado al desarrollo de proyectos innovadores, y le comentó su iniciativa. De inmediato, juntos, se pusieron a trabajar. La muerte de Estefanía podía transformarse en vida para otros.
de la idea, al proyecto. Juan y José estuvieron seis meses estudiando el proyecto, y comenzaron a realizar los primeros bocetos. Con la ayuda de un diseñador industrial y un ingeniero aeronáutico, los dibujos iniciales tomaron forma y calidad técnica. El resultado fue una estructura modular, resistente y de excelente factura estética, para la protección de peatones que circulan por debajo de edificios en construcción. El equipamiento permite armar estructuras para diferentes anchos de vereda, incluidas las esquinas, permitiendo también el ingreso de camiones y maquinaria a las obras, sin alterar el esquema seguridad. Todo el sistema, planteado como un complemento indispensable para las clásicas bandejas de seguridad, está dotado de implementos de protección y señalización. El modelo de negocio se completa con espacios de publicidad que se distribuyen a lo largo de toda la estructura tubular y en las cenefas del techo. “El modelo de negocio es multilateral: por un lado, beneficia a las empresas constructoras, las que tercerizan en nosotros la gestión de sus sistemas de seguridad peatonal, y por otro, las firmas que desean hacer publicidad en vía pública”, explica José. El sistema está pensado como un servicio de alquiler de las estructuras, incluyendo la gestión de los espacios publicitarios. “Las constructoras pagan un costo de instalación inicial, que no es muy distinto a lo que gastan hoy en el armado de estructuras de mala calidad, y el manejo de la publicidad es bajo un esquema 70/30, para que las empresas puedan promocionar también sus proyectos a través de las propias galerías”, cuenta Juan Manuel. GaPPEP se presentó con muy buena recepción en el concurso Techint a la Innovación; en el plan Innovar, del Ministerio de Industria de la Nación; y en el programa Ideas Emprendedoras, del Ministerio de Industria, Comercio y Minería de la Provincia de Córdoba .Lanzados en positivo. El dúo de emprendedores ya montó una galería de prueba en algunas obras del grupo Betania, y en los próximos días instalará el primer conjunto en una obra de Obispo Oro y Buenos Aires, en el corazón de barrio Nueva Córdoba. Luego de ello, para setiembre, tienen planeado el lanzamiento oficial de GaPPEP, incluyendo oficinas de atención y página web. Juan Manuel y José ya han patentado su producto en Argentina, Brasil y Chile, mientras avanzan en conversaciones con la Municipalidad de Córdoba para incluir en el código urbano estructuras de este tipo. “Le estamos poniendo corazón y garra a nuestra idea, y confiamos en que lo vamos a poder hacer. Como decía mi abuelo, cuando echas el carro a andar, de a poco se van acomodando los melones”, sostiene José. En la misma línea, Juan Manuel afirma: “Tenemos en claro que no nos vamos a hacer ricos de un día para el otro, y que tenemos que ser perseverantes. Pero creemos mucho en nosotros mismos, y en nuestro proyecto. Con esa actitud, GaPPEP va a trascender y tener éxito.
Todos ganan el objetivo general de gappep es integrar a todos los actores de una obra en construcción, ya sea en el ámbito público o privado.
Básicamente, el emprendimiento busca beneficiar a:1- peatones y operarios de la obra. 2- empresarios constructores. 3- gobiernos. 4- empresas de publicidad.
¿Qué elementos combina? • Seguridad • Publicidad en Vía Pública • Tecnología e innovación
atributos del producto: • Construido en materiales inalterables, de alta resistencia con bajo mantenimiento • Paneles publicitarios back light simples o rotativos • Paneles publicitarios LED • Utiliza 12 V para su iluminación minimizando el riesgo eléctrico • Patas regulables en altura para nivelación
• Iluminación interna del sistema • Jerarquiza y ordena el frente de obra • Apto para que transiten personas con capacidades diferentes • Incorpora alarmas auditivas y sonoras de prevención • Tipologías disponibles permiten cubrir todo tipo de frentes • Diseño modular que permite diversificar sus aplicaciones • Sistema telescópico para apertura y cierre de acceso a obra • Completamente reutilizable
Fascículo n°3 :
CONECTANDO EMPRESAS. Azonia
Recién llegado al país, Santiago Bravo creó junto a un equipo de socios y colaboradores una plataforma web para impulsar el comercio electrónico a nivel corporativo
Hace apenas dos años, Santiago Bravo, estaba viviendo en Suecia, terminando su tesis de grado en ingeniería electrónica e industrial. Estaba lejos de casa y los afectos se extrañaban al otro lado del mundo, en la Córdoba que lo había visto nacer hacía 27 años. Ya recibido, tenía que decir si ejercer su profesión en Europa o regresar a la Argentina y probar suerte con un proyecto emprendedor que hacía meses le daba vueltas por la cabeza. Y se decidió. Armó sus valijas y pegó la vuelta. Ya por Córdoba, afinó el lápiz y repasó su examen final de carrera sobre comercio electrónico entre empresas. Estudió, investigó, y adaptó su propuesta de tesis a las particularidades de la provincia y el país. “Vi que el mercado local estaba poco desarrollado en este tema, y que había allí una buena oportunidad de negocio”, cuenta hoy Santiago. Decidido, el joven emprendedor buscó socios para poder desarrollar su idea y lanzarse al ruedo. A los pocos meses, y con el apoyo de la Incubadora de Empresas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Azonia vio la luz.
en la nube. El emprendimiento consiste, básicamente, en una plataforma de Internet a través de la cual empresas de distintos rubros pueden ofrecer los productos que fabrican a otras firmas que necesitan de ellos, facilitando el intercambio comercial. Azonia tiene puntos de contacto con lo que pueden ser las distintas páginas de Internet dedicadas al ecommerce, pero está dirigida exclusivamente al mercado corporativo. “Vimos que en Argentina existía escasa información actualizada de productos industriales y proveedores en los principales buscadores de Internet, lo que dificultaba notablemente para una empresa acceder y relacionarse comercialmente con potenciales clientes por medio de ese canal”, explica Santiago. Por ello, buscaron que Azonia hiciera foco no sólo en la oferta web sino también, sino también en ofrecer un proceso de compra y venta eficiente, permitiendo reducir costos, incrementar ventas y fortalecer relaciones corporativas.
Aunque ya está funcionando –en marzo de este año se subió a la “nube”–, Azonia será lanzado oficialmente en los próximos meses. No obstante ello, la plataforma ya tiene registradas 250 empresas de distintos rubros y 14.000 productos publicados. Hay firmas fundamentalmente de Córdoba, pero también de otras provincias argentinas y hasta de países vecinos. “Largamos con aportes económicos de algunos familiares y con algunos fondos de subsidios estatales, pero ahora queremos conseguir inversores para dar un salto adelante”, cuenta este joven cordobés. Hace poco, fueron seleccionados por el programa Start Up, del gobierno de Chile, a través del cual recibieron un aporte de 40 mil dólares para avanzar con el proyecto. En estos momentos, Santiago y los suyos están trabajando también en el modelo de monetización del proyecto, evaluando distintas alternativas de cobro del servicio de modo de hacerlo sustentable en el tiempo. La idea es demostrar valor para las empresas generando clientes potenciales. “No somos sólo una plataforma de productos corporativos, sino también de valorización de las empresas en la web a través de una tarea fina de indexación en Google”, subraya. El sistema, además, ofrece los prospectos de venta y genera la solicitud de cotización y la orden de compra, facilitando toda la gestión comercial .
Contra las adversidades. A pesar de su corta vida, Azonia está dejando enseñanzas emprendedoras a su equipo mentor. “Para ser emprendedor, hay que saber lidiar con la incertidumbre. Uno tiene una idea en la cabeza, y hay que transformarla en realidad contra muchas adversidades”, dice Santiago. “Es muy lindo tener tu propio proyecto, pero una vez en el baile, hay que salir a bailar”, grafica. El equipo de Azonia sabe que los primero tiempos son difíciles, sobre todo a nivel económico. Pero están decididos a avanzar. El espacio y el asesoramiento de la Incubadora de Empresas de la UNC es fundamental para ellos en este momento. “Y también valoramos mucho haber conformado un equipo de trabajo con mucho feeling y compromiso con la iniciativa”, asegura el novel empresario, al tiempo que celebra el excelente ecosistema emprendedor que hay actualmente en Córdoba. “Emprender –entiende Santiago–, no es sólo tener una buena idea. Hay que saber vincularse con el contexto y aprovechar las oportunidades que aparecen”.
En crecimiento azonia ya tiene 250 empresas registradas en su plataforma, las que en conjunto ofrecen 14.000 artículos para el mercado corporativo. el 75 por ciento son pymes industriales de córdoba y argentina. por año, dichas empresas realizan compras por un valor de 5 millones de pesos. el mercado potencial de azonia es impactante. sólo en el país hay 25.000 empresas que necesitan relacionarse comercialmente con sus proveedores, en un mercado que moviliza 125 mil millones de pesos al año. actualmente, un tercio de las empresas no participa del canal e-commerce. aún así, en 2012 las ventas por internet crecieron 50 por ciento.
FASCÍCULO N°4.
UNA ESCUELA PRODUCTIVA
Desde idiazabal, Una peqUeña localidad del sUdeste cordobés, Un eqUipo de docentes y alUmnos de 5° y 6° año llevan adelante Un emprendimiento de elaboración de milanesas de soJa.
Las meJores del país el equipo de nutridia está convencido: sus milanesas de soja son las mejores del país, podio que comparten con otra fábrica elaboradora de colonia caroya. “nuestras milanesas son un producto gourmet, ya que están elaboradas con materias primas de primera calidad y sin aditivos de ningún tipo”, asegura marisell abbonizio, coordinadora del proyecto. Hoy la producción está enfocada en tres tipos de milanesas rellenas, además de las típicas milanesas de soja
¿Puede un proyecto emprendedor ser exitoso y sustentable en el tiempo, surgiendo desde el seno de una escuela de pueblo? No se apure a dar una respuesta. En Idiazabal, una pequeña localidad del sudeste de la provincia de Córdoba, han logrado eso y mucho más. Se trata de Nutridia, una fábrica elaboradora de milanesas de soja comandada por el equipo docente del Instituto Secundario José María Paz y en la que trabajan los propios alumnos.
Después de 10 años de vida, este emprendimiento productivo modelo ha logrado consolidarse como una de las principales ofertas alimenticias en su zona de influencia, y por estos días están terminando de gestionar los registros necesarios para poder comenzar a colocar su producción en Buenos Aires.
los primeros pasos. “Nutridia nace en 2003, como un proyecto áulico. Tuvimos que cambiar la orientación del colegio, pasando de perito mercantil a producción de bienes y servicios con especialidad en alimentación”, cuenta Marisell Abbonizio, docente coordinadora del emprendimiento. Así, de una reunión de profesores, surgió la idea de agregarle valor a una de las principales producciones agrícolas de la zona: la soja. Investigando, innovando y capacitándose en nociones básicas de comercialización, el equipo comenzó a trabajar en la iniciativa. “Las primeras mil milanesas las regalamos para que la gente las probara”, recuerda Marisell. La respuesta del público de la ciudad y la zona fue tal, que en poco tiempo tenían pedidos de todos la dos. Al año siguiente, lograron que la ciudad homónima de España, con la que están hermanadas, le diera al emprendimiento un subsidio con el cual pudieron comprar máquinas y construir los talleres tecnológicos, y de ese modo largaron la producción en serie. A partir de entonces, Nutridia no paró de crecer y los reconocimientos empezaron a llegar desde los cuatro puntos cardinales. Lograron distinciones en diversas exposiciones agroalimentarias, ganaron varios premios a la innovación productiva, y hasta ingresaron a un programa de Responsabilidad Social Empresaria de la multinacional Monsanto. En el emprendimiento trabajan los chicos de 5° y 6° año de la escuela, más algunos ex alumnos. El año pasado llegaron a producir unos 400 paquetes de milanesas de soja por día, y así y todo no daban abasto con los pedidos. “Nutridia sigue siendo un excelente proyecto pedagógico. Los chicos aprenden a trabajar en equipo, desarrollan habilidades técnicas, aprenden de economía social, investigan nuevos productos. Esto tiene un valor de éxito que va más allá de lo económico”, afirma con orgullo la docente coordinadora.
a la conquista de buenos aires. Además de las milanesas de soja, desde Idiazabal también elaboran productos panificados de primera calidad y, para poder ingresar al mercado de Buenos Aires, están terminando de gestionar las habilitaciones ante el Senasa (RNE y RNPA). Cuando ello ocurra, la expectativa del equipo es que la producción pegue un salto cuantitativo y cualitativo, posicionando a Nutridia a nivel nacional. Incluso, aprovechando un nuevo laboratorio de calidad en alimentos recientemente inaugurado, el emprendimiento sumará nuevas líneas de productos, agregando tallarines, ñoquis frescos y tapas para fajitas con harinas integrales. “Todo lo que ganamos con Nutridia lo invertimos en el mismo proyecto o en la escuela”, explica Marisell. “Estamos convencidos que Argentina debe caminar hacia la industrialización de su producción agropecuaria, y el asociativismo es una excelente manera de avanzar hacia ello”, entiende la profe. “Nuestro sueño –se esperanza–, es que los chicos que pasaron por Nutridia y después se fueron a estudiar a otros lados, vuelvan alguna vez al pueblo para aportarle al emprendimiento desde otro lugar”. Todo desde el humilde colegio de un pequeño pueblo del interior cordobés que no suma más de 1.500 habitantes. ¡Un verdadero ejemplo!
Fascículo n°5:
EMPRENDIENDO A JUGAR
Ondulé: dos jóvenes emprendedores cordobeses le dan vida a una particular empresa: ondulé, una fábrica de casitas de cartón corrugado para que los niños desarrollen su imaginación y puedan expresarse a través del juego.
En una época dominada por las Play Station y los juegos virtuales por Internet, proponerse crear un emprendimiento que le ofrezca a los chicos simples juguetes de cartón, parecería una locura. Pero “locos”, por suerte, hay en todos lados. Dos de ellos son Matías Portela (29) y Santiago Guzmán (32), jóvenes emprendedores cordobeses que desde hace tres años le vienen dando vida a Ondulé, una particular fábrica de casitas de juguete construidas en cartón reciclado. “Somos una pequeña empresa que busca promover la imaginación de los niños a través de distintos espacios de juego”, se autodefinen Matías y Santiago. “Después de mucho esfuerzo, ahora nos está yendo bien y lo estamos disfrutando”, celebran en un recreo en sus oficinas de la incubadora FIDE tras el “agite” por el Día del Niño. Con tres años de existencia, Ondulé va camino a consolidarse como empresa, con nuevas líneas de productos y ventas en casi todo el país.
Una idea “francesa”. “Todo comenzó en 2010, cuando hice una diplomatura en gestión de empresas, y como trabajo final presenté la idea de construir casitas de cartón para que los niños interactúen con ellas”, recuerda Matías. El joven le contó su idea a Santiago y a Guillermo, otro amigo que era maestro de escuela de 1° grado, y se pusieron a trabajar juntos. Investigaron, pidieron consejos, trabajaron en los primeros prototipos, y al final se largaron. En marzo de 2011, presentaron su iniciativa en un concurso de emprendedorismo organizado por Fedecom, Endeavor y el Gobierno de Córdoba, y la idea fue muy bien recibida. A esa altura, el proyecto ya tenía nombre: Ondulé, que significa “cartón”, en francés. Decididos, Matías y Santiago (Guillermo había abandonado el proyecto tras irse a vivir al sur) idearon una particular manera de conseguir los primeros fondos para el emprendimiento. “Lanzamos un bono contribución de 100 pesos, con un viaje a Brasil como premio. Se lo enchufamos a todo aquel amigo, familiar y conocido que hubiera por allí. El viaje lo tarjeteamos, y con ello recaudamos 13.500 pesos que usamos para comprar materia prima”, rememora Santiago. Con el cartón comprado, pusieron primera en los garajes de las casas maternas de cada uno, hasta que fueron seleccionados por la Fundación Incubadora de Empresas (FIDE). Allí, diseñaron ellos mismos una máquina troqueladora de cartón que les permitió producir en serie. “A las primeras casitas, las pusimos rápidamente en el mercado porque queríamos tener un feedback con el público, que sean los propios padres y chicos los que nos dijeran qué les parecían”, explica Matías, destacando un momento clave de la historia de Ondulé. Así, las casitas se plantearon más como un espacio de juego (antes que un juguete), con el cual los niños pueden interactuar y completar agregándole dibujos, cortes y todo lo que sugiera su imaginación.
El gran impulso. El año pasado, en abril, tomaron un local en la Feria de Artesanías, y mostraron sus casitas. Ello no sólo les permitió vender, sino hacer múltiples contactos con otros empresarios y desarrolladores que fueron fundamentales en el futuro. Al poco tiempo, lanzaron una mini-casita de cartón y otra especial para muñecas, productos que les permitieron aumentar el ritmo de producción y acomodar el flujo de caja. Investigando el mercado, se dieron con que la mayoría de las familias con hijos gastan alrededor de 40 pesos en regalos para los cumpleaños de los amigos, y hacía allí apuntaron sus nuevos productos. En la misma línea, comenzaron a desarrollar un nuevo canal de comercialización: los regalos empresarios. “Las empresas nos compran casitas para dárselas a los hijos de sus empleados, como un beneficio adicional, y la verdad que nos está yendo muy bien con eso”, asegura Santiago. Ya para la Navidad de 2012 consolidaron una red de distribuidores en Buenos Aires y otras provincias, hasta completar 80 locales en donde venden las casitas Ondulé en todo el país. “Ya lo estamos pensando: tenemos ganas de comenzar a exportar a los países limítrofes. No va a ser fácil, pero lo vamos a intentar”, dicen a coro. Mientras tanto, sus casitas están siendo disfrutadas por miles de niñas y niños que no sólo juegan con ellas: también les dan vida.
Matías y Santiago han recorrido un largo camino en estos tres años de ondulé. y a partir de la experiencia acumulada, los dos se animan a dejar algunos consejos piolas para otros emprendedores que estén pensando en lanzarse por su cuenta. “salir a vender es lo más difícil de todo. pero a vender se aprende en la calle. no queda otra que salir y "patear" y golpear puertas”, afirma Matías. “Hay que saber manejar la frustración. todos los días hay un problema para superar, y cuando no salen las cosas tenés que sobreponerte”, apunta santiago. “Hay que participar en todas las ferias y concursos que se pueda. ello te permite validar tu producto con otra gente, y te posibilita hacer contactos y relaciones que son fundamentales”, dicen a coro.
Fascículo n°6:
UNA EMPRESA DE BARRO, PASIÓN Y ESFUERZO
La familia Conci, en Colonia Tirolesa, fabrica máquinas moldeadoras para la industria del ladrillo. con 35 años de historia y muchos altibajos, sostienen su emprendimiento sobre la base del esfuerzo, el ingenio y la perseverancia.
La historia de Javier Conci y su familia es sinónimo de emprendedorismo. De largar, y caer, y levantarse, y volver a chocar, y de nuevo recuperarse. Siempre mirando hacia adelante. Siempre buscándole la vuelta. Nunca bajando los brazos. En Colonia Tirolesa, donde viven, se los conoce como “los de la ladrillera”. La Ladrillera Conci, una ladrillera que, claro está, fabrica ladrillos, pero que se destaca del resto de los cortaderos tradicionales por producir máquinas especiales para fabricar ladrillos. Es que Javier Conci, antes que ser emprendedor (o al mismo tiempo), es un inventor. Inventó una “moldeadora” que elabora ladrillos comunes como si estuvieran “hechos a mano”. Y hoy, a sus 61 años, se enorgullece de que su invento permita hacer ladrillos en todos los rincones del país. Todo desde Colonia Tirolesa. Todo en familia. Todo a pulmón.
Marchas y contramarchas. En 1974, Javier y su mujer, Adriana, perdieron su casa y su campo a manos de la nefasta circular 1050. Desahuciados, comenzaron a cortar ladrillos como una forma de parar la olla. “Fueron años muy duros. Nos habíamos quedado sin nada, y teníamos cuatro hijos pequeños a los que alimentar”, recuerda hoy la pareja. Hombre ingenioso si los hay, al poco tiempo Javier ideó su primera máquina moldeadora. Utilizando elásticos de una cama desvencijada, un tambor de 200 litros y un viejo diferencial de camión, fabricó un artefacto que podía “escupir” ladrillos en serie. Seguían de “prestados” en el campo de una familia amiga, pero la mini empresita comenzaba a dar resultados. Fueron años de crecer de a poco, de recuperar el tiempo perdido, de criar a los chicos con menos apremios económicos. Hasta que la híper de fines de los ’80 los hizo perder todo de nuevo. “Estaba enojado y cansado. Así que cargamos a los cuatro chicos y nos fuimos todos al Impenetrable chaqueño para hacer trabajo social junto a un grupo de gente conocida”, rememora Javier. En 1992, la familia entera emprende el regreso a Córdoba, con la intención de relanzar el emprendimiento. Sin campo propio de donde sacar tierra para hacer ladrillos, los Conci volvieron a probar suerte con las máquinas. Accedieron a un crédito del CFI con el cual compraron un torno, y empezaron a mejorar la vieja moldeadora que durante años había quedado “parada” en la colonia. “Yo digo que vivo de los inventos, porque siempre me salvaron las máquinas que inventé”, asegura Javier.
Pequeña revolución. Los nuevos artefactos salidos de Tirolesa llegaron para revolucionar a un mercado en el que todo se hacía a mano, muy rudimentariamente. Varios cortaderos de Córdoba compraron sus máquinas y la empresa comenzó a levantar cabeza. En el ’98, los Conci se asocian con Héctor Merlino, construyendo una nueva máquina estática para elaborar ladrillos a gran escala en secadores de túneles. Pero la sociedad dura poco, y Javier y los suyos regresan a Tirolesa. La tremenda crisis de 2001 vuelve a
golpear a la familia, y los obliga a parar la producción. De nuevo a rascar la olla con lo que había a mano. Tres años más tarde, con la sangre joven que aportó el hijo mayor de la familia, llamado Javier como su padre, los Conci relanzan de nuevo el emprendimiento produciendo tres nuevas fábricas para clientes de La Pampa y Santa Fe. Para poder tener un ingreso constante y dejar de pasar apremios, deciden complementar la producción de moldeadoras con la fabricación propia de ladrillos. Un nuevo crédito del CFI, tomado en 2008, les dio el impulso necesario para armar un galpón metalúrgico nuevo y prepararse para ensamblar máquinas en serie.
Perseverancia. Hoy, y tras la incorporación de Noelia, otra de las hijas de Javier y Adriana, la empresa atraviesa uno de sus mejores momentos. Con un ritmo de producción de una moldeadora por semana, y máquinas vendidas en todo el país (inclusive a algunos clientes en Chile), los Conci se sienten, quizás por primera vez, que pisan sobre terreno firme. “Después de 35 años peleándola, te puedo decir que nuestra clave ha sido la perseverancia. La necesidad siempre nos obligó a agudizar el ingenio, y dándonos fuerza con toda la familia, hemos llegado hasta aquí”, se emociona Javier. Actualmente, los Conci se enfrentan a un nuevo desafío: profesionalizar su empresa. Saben que para dar un salto de calidad, necesitan sumar herramientas de gestión y administración. Y en eso están. Fuerza, ganas y espíritu, nos les van a faltar…
Como hechos a mano las moldeadoras ideadas por Javier Conci tienen una particularidad: permiten producir ladrillos comunes en serie, pero con una calidad similar a los que son hechos a mano. esa característica es la que las diferencia de otras moldeadoras que sacan los ladrillos con una compactación distinta, que rebaja la calidad del producto. además, las moldeadoras Conci permiten elaborar ladrillos de distintos tamaños con sólo intercambiar el molde móvil. hoy las venden en todo el país, siendo los ladrilleros de nacionalidad boliviana sus principales clientes.
Trabajo social : para Javier Conci, no todo es ganar plata en la vida. además, de su familia y su emprendimiento, la misma pasión le despierta el trabajo social. Sus años de ayuda a los aborígenes del impenetrable chaqueño lo marcaron a fuego, y le abrieron los ojos y el alma. hoy, junto a otros emprendedores solidarios le da vida a Gadasi, una entidad sin fines de lucro que busca generar espacios productivos integrados por aborígenes wichi. “buscamos ayudar al desarrollo sustentable de la comunidad el Sauzal, en el corazón del impenetrable”, cuenta Conci. allí están desarrollando emprendimientos productivos en apicultura, ladrillería, alfarería y alimentos regionales junto a los integrantes de la comunidad.
FASCÍCULO N°7
UN NEGOCIO QUE SUENA MUY BIEN
SOL VENTURI.
Peruano de nacimiento, Carlos Venturi creó en córdoba una fábrica de xilofones y metalofones profesionales que es reconocida en todo el país. Junto a su socio, Claudio Combina, encontró un nicho de mercado que “suena” muy bien.
desde lima a Córdoba. La historia de Sol Venturi nace a miles de kilómetros de Córdoba, en Lima, la capital peruana, de donde es oriundo Carlos. Allí, su padre hace 40 años que tiene una empresa de metalofones. “Yo me hice empresario en contra de mi voluntad y abusando de la autoridad paterna”, dice este emprendedor de 37 años. “En aquel entonces –recuerda–, mi padre quería que aprendiera el oficio y me involucrara en su empresa, y yo me negaba. Era muy joven, y sólo quería divertirme y viajar”. Y su papá lo “engañó”. Le pidió que en un viaje de turismo que Carlos tenía previsto a la Argentina, le llevara algunos metalofones a unos clientes locales. “Y a pesar de que protesté por el encargo, la realidad es que en esa valija traía mi futuro”, reconoce hoy ya en el país, Carlos conoció a su futuro socio, Claudio (cordobés, hoy de 41 años), quien lo alentó a probar suerte con los instrumentos por su propia cuenta. Poco a poco, comenzó a mostrar los xilofones en casas de música de Capital Federal y Córdoba, y así hizo sus primeros clientes propios.
“Vi que había un buen mercado, y me decidí a comenzar a fabricarlos por mi cuenta en Córdoba”, cuenta sobre sus comienzos. Como muchos otros emprendimientos, Sol Venturi comenzó a trabajar en un garaje, en este caso, el de la casa paterna de Claudio, en barrio San Martín. El negocio rápidamente creció, y el espacio les quedó chico. Corría 2010, y en ese momento la Fundación para la Incubación de Empresas (Fide) largaba una nueva convocatoria para nuevos emprendimientos. Carlos y Claudio postularon, e ingresaron como empresa incubada a mediados de ese año. En Fide recibieron asesoría comercial, en marketing y en procesos productivos, apoyo que les permitió consolidar su oferta y abrir
nuevos mercados.
Madera, metal y niños. Hoy, Sol Venturi vende sus xilofones y metalofones en casas de música de las principales ciudades argentinas, con modelos profesionales de 8, 10, 15, 25 y hasta 32 notas. Tiene su taller en la Fide, aunque en los próximos meses se mudara a un espacio propio. “Nos compran metalofones desde academias y conservatorios de música, hasta grupos de rock y folclore que buscan sumar nuevos sonidos a sus composiciones”, explica Carlos. Aunque no son músicos, Carlos y Claudio aprendieron música para poder involucrase con todas las etapas productivas. No obstante ello, cuentan con luthiers especialmente dedicados a la afinación de sus instrumentos, lo que –aseguran– los diferencia de otros productos del mercado. La empresa también fabrica una línea didáctica para niños, con una presentación y diseño más alegre y colorido, comercializada a través del canal juguetero, con muy buena aceptación por parte del público. Actualmente, Sol Venturi fabrica unos 200 instrumentos profesionales y 700 de la línea didáctica. La apertura de una oficina comercial en Buenos Aires y la contratación de un equipo de vendedores profesionales le permitieron a la empresa crecer sostenidamente y soñar con una futura exportación a Chile y Uruguay. “Los emprendedores tenemos que aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Argentina es un país que da muchas chances de progresar. A mí, que soy peruano, me ha tratado muy generosamente”, cuenta Carlos, quien recomienda a otros colegas “tener un norte seguro, y no rendirse ante los obstáculos”.
Un instrumento noble
Los xilofones y metalofones son instrumentos musicales muy versátiles y de simple ejecución, que producen sonidos brillantes y duraderos. se utilizan mucho en educación musical, musicoterapia, y como parte de orquestas sinfónicas y bandas musicales modernas. hay dos tipos fundamentales: diatónicos y cromáticos. las placas de madera son de quina, y las de metal de aluminio reforzado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario